mis niños, en este link pueden descargar los tres power point, más los cuestionarios de cada uno, los cuales les servirán para la prueba programada de comprensión de la sociedad.
abrazos gigantes
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sábado, 3 de diciembre de 2011
sábado, 1 de enero de 2011
LA CONFORMACIÓN DE UNA COSMOVISIÓN CRISTIANA

Los estudios universitarios en una cultura en decadencia.
Algunos podrían aducir que en vista de tragedias humanas tales como la hambruna, la opresión política y la amenaza de un holocausto nuclear, no es razonable que los cristianos se ocupen de la frivolidad de la erudición. ¿Por qué se ocupan de estudiar cuando la cultura entera se encuentra en tal crisis? ¿Por qué, pues, deben estudiar los cristianos? Porque la universidad está en el corazón de la cultura. Por lo tanto, es un lugar estratégico para un testimonio cristiano que traiga sanidad. Además, a menos que los cristianos un trabajo serio de reflexión académica, su testimonio cultural carecerá tanto de profundidad como de penetración. Tal falta se hace evidente en muchos esfuerzos por un testimonio cultural cristiano hoy.
Si los centros comerciales suburbanos son templos del economismo, y si la fabricación de armamento nuclear es un sacrificio al tecnicismo, entonces la universidad funciona como el seminario teológico para los sacerdotes de alto rango del cientificismo. En efecto, dice Hendrik Hart que, cuando entramos en el área de la erudición, entramos en “la esfera de la influencia de una de las religiones más dogmáticas e influyentes de la civilización occidental”. Si nuestro análisis del cientificismo como uno de los pilares de la fe de la cultura occidental es apropiado, entonces no podemos evitar concebir la universidad en términos religiosos. Las ideas desarrolladas por la reflexión universitaria se concretizan en la sociedad.
La economía. Considera dos ejemplos prominentes: primero la economía y luego la psicología. Cuando una nación moderna está en estado de recesión económica, acude a los expertos en economía en busca de una solución. (Esto es de alguna manera análogo a las gentes conocidas como primitivas que acuden a su médico brujo local para saber por qué los dioses no trajeron buenas cosechas este año) Si los expertos en economía (entrenados en el sistema universitario de occidente) adoptan un modelo neoclásico de economía, defenderán la idea de un mercado que funciona independientemente (ya sea en términos del libro de Wealth of Nations [La Riqueza de las Naciones] de Adam Smith o en términos de Capitalism and Freedom [Capitalismo y Liberalismo] de Milton Friedman). Su respuesta tendrá implicaciones económicas, sociales y ecológicas bien precisas. Este acercamiento de “laissez-faire” no sólo provoca desempleo y desastres ecológicos (los reglamentos ambientales se ven como intervenciones), sino conlleva un debilitamiento de la asistencia social. Dicen los economistas neoclásicos que, después de todo, si a la economía se le permite funcionar por si sola los beneficios materiales “escurrirán” a los pobres. Además, según esta teoría, la ayuda gubernamental a los pobres es económicamente antiproductiva porque reduce las ganas de trabajar.
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lunes, 13 de septiembre de 2010
VIOLENCIA EN LA ESCUELA. una mirada mas profunda que de costumbre.
Ya se ha comentado que muchos alumnos comienzan a estudiar sin haber concluido su socialización primaria, sin la preparación que se suponía terminada antes de empezar con la socialización secundaria que se recibe en la escuela. La idea de que lo igualitario es que todos comiencen a estudiar a la misma edad ha dado como resultado que demasiados estudiantes acumulen un retraso apreciable antes de poner el pie en la escuela, con lo cual la situación suele agravarse rápidamente,
aun cuando la escuela frene al máximo el progreso de los más avanzados para que sean alcanzados por los más lentos. Los alumnos que constatan su posición precaria dentro del grupo reaccionan de diferente manera, pero reaccionan. Una posible reacción es una especie de odio que se demuestra
a través de una conducta antisocial, que se traduce en insultos a sus compañeros y maestros, vandalismo, absentismo y hasta incendios provocados. El mito del inevitable progreso de
la sociedad ha hecho que una parte de ella haya cerrado los ojos ante esta violencia.
El Estado abandona a los barrios problemáticos en los que las tendencias antisociales han llenado el vacío creado por esta supuesta libertad. De este modo, hay escuelas en las que las mafias locales dictan la ley y en las que es casi imposible estudiar. Esto no es suficientemente denunciado por los profesores cuando los involucrados provienen de barrios problemáticos que precisamente iban a resultar favorecidos por las nuevas libertades pedagógicas. No pocas veces los sociólogos de la educación describen la delincuencia como una respuesta legítima a la «exclusión». Esta mistificación ha impedido que se tomen las medidas adecuadas contra los problemas. Así, en un periodo de expansión económica sin comparación en la historia, se ha llegado a la realidad de escuelas en las que reina la anarquía y la violencia. Ya Orwell habló de la fascinación del intelectual moderno por la brutalidad y por la lucha
por el poder, y de su tolerancia y hasta admiración frente al delito. Los intelectuales que desvíen la atención de las conductas antisociales para enfocarla hacia la «exclusión» deben asumir una parte importante de la responsabilidad por los cambios negativos que ha sufrido la sociedad".
El mito de la no responsabilidad de los violentos por su violencia se basa en el concepto de que son las estructuras sociales las que darían ciertas características a los individuos por las cuales no serían responsables. Estas estructuras «empujarían» a los individuos a actuar de determinada manera. Dicho de otro modo, se niega a las personas su autonomía puesto que no deciden: son empujados. En la escuela, los alumnos de clase obrera no serían responsables de su posible fracaso y, por lo mismo, los alumnos provenientes de la clase alta no tendrían ningún mérito si logran un buen resultado.
Bui Trong ha estudiado el ambiente antisocial que reina en algunos barrios periféricos en Francia99. El resultado de su trabajo ha sido mostrar que los problemas se suelen desarrollar según cierta lógica. Ha elaborado una escala de 7 peldaños, demostrando que puede preverse que un barrio que está en el nivel 2 irá al nivel 3 y después al 4 si no se toma ninguna
medida. La autora dice que el hecho de no obedecer al maestro es un signo de que el barrio está en camino hacia la degradación. El maestro es uno de los primeros representantes de la sociedad y no aceptar su autoridad supone un primer paso hacia una conducta antisocial. Con otras palabras, cuando
el maestro insiste en que hay que sentarse, dejar de hablar o cualquier cosa de apariencia trivial, no está ejerciendo poder sino defendiendo a la sociedad. La convivencia en el futuro depende de la aceptación de las reglas sociales. Bui Trong observa también la frecuencia con la que los violentos niegan haber cometido una infracción. Nunca suelen admitir nada. Cuando agreden a un compañero, lo más frecuente es que digan que estaban bromeando. Así el agredido es invitado a festejar la agresión y a ver al agresor como un compañero. Si el compañero acusa al agresor parecería carecer de «humor».
Los pedagogistas suelen rechazar el uso del uniforme, que interpretan como un signo asociado a una idea tradicional de la educación. En los colegios públicos, los adultos no se atreven a opinar sobre la ropa de los jóvenes, pero se pueden observar unos «códigos de vestimenta», impuestos por los alumnos más influyentes. En algunos barrios, la presión está dirigida a usar ropa de marca, algo que resulta muy caro para los padres. En otros barrios, los alumnos acuden vestidos de manera agresiva, con gorros, pantalones con tachuelas de metal, con agujeros y jerseys que no cubren el estómago. Si la escuela tolera una vestimenta de connotación violenta y antisocial, lo que hace es rendirse ante la cultura comercial impuesta por el cine y la televisión y no defender su misión de promover la cultura del conocimiento.
Un diputado francés que ha estudiado la violencia en los colegios ha elaborado una serie de recomendaciones. Empieza diciendo que un acto violento en la escuela es una afrenta para toda la sociedad porque la escuela es un lugar sagrado para la sociedad. Por eso, las infracciones contra las reglas escolares deben ser castigadas dentro de las veinticuatro horas después de haberse cometido. Es preciso que la escuela y los padres colaboren y se ayuden mutuamente, so pena de no poder representar ninguna autoridad en la vida de los jóvenes. Cree que la sociedad debe recordar sus obligaciones a los futuros
padres: cuando una pareja quiere casarse, o cuando la mujer embarazada se pone en contacto con un médico o cuando se trata de renovar la carta de residencia para los extranjeros. Si los padres se niegan a acudir a hablar con una profesora o directora de un colegio porque no aceptan la autoridad de una mujer, la sociedad debería mandarles otro aviso y, si siguen desafiando al Estado, cortar cualquier tipo de subvención. En pocas palabras, hay que insistir en que los ciudadanos tienen que colaborar con el Estado'".
El lema actual es que hay que educar en vez de castigar. Sin embargo, la tendencia a evitar castigos ha conducido a una complicidad con jóvenes que no acatan la ley. Desde la escuela aprenden que pueden actuar con total impunidad, lo que aumenta su arrogancia y el desprecio por las autoridades. Al no obligar a los jóvenes a respetar la ley, los adultos abandonan la
sociedad en sus manos, dejándoles el campo libre. Las personas que no han tratado directamente con este tipo de jóvenes suelen creer que siempre se puede «hablar» con ellos, pero lo cierto es que muchos han desarrollado una personalidad antisocial, patológica, en la que ya no cabe el diálogo. Un juez francés con
mucha experiencia, Fenech, atrae la atención sobre dos hechos: la carrera criminal de estos jóvenes empieza por la provocación verbal y por eso hay que reaccionar con firmeza frente a esta actitud. Si esto no se hace, muy pronto los actos delictivos de estos jóvenes se dirigen contra los bienes públicos, y si no se actúa con energía contra todo deterioro del patrimonio común, se vuelven más «ambiciosos» todavía. No hemos tomado suficientemente en serio que están amenazadas las escuelas, las plazas públicas, los autobuses y los representantes del bien común como son los profesores y los agentes de la policía, elementos de la vida cotidiana que asociamos a un país desarrollado.
Es grave que haya intelectuales dispuestos a admirar la violencia callejera en nombre de la acción directa y la provocación al Estado y a presentar a los responsables en tono sentimental. En general, son los mismos que no quieren discutir lo que hacen estos jóvenes sino las supuestas causas que los llevan a actuar como actúan. Estos jóvenes han aprendido a presentarse como los representantes de oprimidos y débiles en lucha contra un poder muy superior a ellos, la policía. Intentan provocar a la policía, y si lo logran, recurren a las leyes de la sociedad democrática para denunciar la violencia policial.
Cuando una mala situación se prolonga, la población va siendo intimidada, pero no es cierto que no pueda hacerse nada para revertir las tendencias antisociales. Hace algunos años en Nueva York y en Boston, los administradores del metro decidieron mejorar la seguridad y para eso decidieron no
dejar nunca que un vagón con pintadas saliera a circular. Cuando los jóvenes no lograron ver su «obra», terminaron por desanimarse. En otra campaña, se acordó no dejar jamás un cristal roto, cambiarlo enseguida, lo que logró transmitir una sensación de control y seguridad a los vecinos. Se empezó a ver la importancia del «contexto» en el sentido de que si nadie
comete pequeñas infracciones, parece más grave la infracción y todos los ciudadanos se lo piensan dos veces antes de cometer un acto mal visto.
aun cuando la escuela frene al máximo el progreso de los más avanzados para que sean alcanzados por los más lentos. Los alumnos que constatan su posición precaria dentro del grupo reaccionan de diferente manera, pero reaccionan. Una posible reacción es una especie de odio que se demuestra
a través de una conducta antisocial, que se traduce en insultos a sus compañeros y maestros, vandalismo, absentismo y hasta incendios provocados. El mito del inevitable progreso de
la sociedad ha hecho que una parte de ella haya cerrado los ojos ante esta violencia.
El Estado abandona a los barrios problemáticos en los que las tendencias antisociales han llenado el vacío creado por esta supuesta libertad. De este modo, hay escuelas en las que las mafias locales dictan la ley y en las que es casi imposible estudiar. Esto no es suficientemente denunciado por los profesores cuando los involucrados provienen de barrios problemáticos que precisamente iban a resultar favorecidos por las nuevas libertades pedagógicas. No pocas veces los sociólogos de la educación describen la delincuencia como una respuesta legítima a la «exclusión». Esta mistificación ha impedido que se tomen las medidas adecuadas contra los problemas. Así, en un periodo de expansión económica sin comparación en la historia, se ha llegado a la realidad de escuelas en las que reina la anarquía y la violencia. Ya Orwell habló de la fascinación del intelectual moderno por la brutalidad y por la lucha
por el poder, y de su tolerancia y hasta admiración frente al delito. Los intelectuales que desvíen la atención de las conductas antisociales para enfocarla hacia la «exclusión» deben asumir una parte importante de la responsabilidad por los cambios negativos que ha sufrido la sociedad".
El mito de la no responsabilidad de los violentos por su violencia se basa en el concepto de que son las estructuras sociales las que darían ciertas características a los individuos por las cuales no serían responsables. Estas estructuras «empujarían» a los individuos a actuar de determinada manera. Dicho de otro modo, se niega a las personas su autonomía puesto que no deciden: son empujados. En la escuela, los alumnos de clase obrera no serían responsables de su posible fracaso y, por lo mismo, los alumnos provenientes de la clase alta no tendrían ningún mérito si logran un buen resultado.
Bui Trong ha estudiado el ambiente antisocial que reina en algunos barrios periféricos en Francia99. El resultado de su trabajo ha sido mostrar que los problemas se suelen desarrollar según cierta lógica. Ha elaborado una escala de 7 peldaños, demostrando que puede preverse que un barrio que está en el nivel 2 irá al nivel 3 y después al 4 si no se toma ninguna
medida. La autora dice que el hecho de no obedecer al maestro es un signo de que el barrio está en camino hacia la degradación. El maestro es uno de los primeros representantes de la sociedad y no aceptar su autoridad supone un primer paso hacia una conducta antisocial. Con otras palabras, cuando
el maestro insiste en que hay que sentarse, dejar de hablar o cualquier cosa de apariencia trivial, no está ejerciendo poder sino defendiendo a la sociedad. La convivencia en el futuro depende de la aceptación de las reglas sociales. Bui Trong observa también la frecuencia con la que los violentos niegan haber cometido una infracción. Nunca suelen admitir nada. Cuando agreden a un compañero, lo más frecuente es que digan que estaban bromeando. Así el agredido es invitado a festejar la agresión y a ver al agresor como un compañero. Si el compañero acusa al agresor parecería carecer de «humor».
Los pedagogistas suelen rechazar el uso del uniforme, que interpretan como un signo asociado a una idea tradicional de la educación. En los colegios públicos, los adultos no se atreven a opinar sobre la ropa de los jóvenes, pero se pueden observar unos «códigos de vestimenta», impuestos por los alumnos más influyentes. En algunos barrios, la presión está dirigida a usar ropa de marca, algo que resulta muy caro para los padres. En otros barrios, los alumnos acuden vestidos de manera agresiva, con gorros, pantalones con tachuelas de metal, con agujeros y jerseys que no cubren el estómago. Si la escuela tolera una vestimenta de connotación violenta y antisocial, lo que hace es rendirse ante la cultura comercial impuesta por el cine y la televisión y no defender su misión de promover la cultura del conocimiento.
Un diputado francés que ha estudiado la violencia en los colegios ha elaborado una serie de recomendaciones. Empieza diciendo que un acto violento en la escuela es una afrenta para toda la sociedad porque la escuela es un lugar sagrado para la sociedad. Por eso, las infracciones contra las reglas escolares deben ser castigadas dentro de las veinticuatro horas después de haberse cometido. Es preciso que la escuela y los padres colaboren y se ayuden mutuamente, so pena de no poder representar ninguna autoridad en la vida de los jóvenes. Cree que la sociedad debe recordar sus obligaciones a los futuros
padres: cuando una pareja quiere casarse, o cuando la mujer embarazada se pone en contacto con un médico o cuando se trata de renovar la carta de residencia para los extranjeros. Si los padres se niegan a acudir a hablar con una profesora o directora de un colegio porque no aceptan la autoridad de una mujer, la sociedad debería mandarles otro aviso y, si siguen desafiando al Estado, cortar cualquier tipo de subvención. En pocas palabras, hay que insistir en que los ciudadanos tienen que colaborar con el Estado'".
El lema actual es que hay que educar en vez de castigar. Sin embargo, la tendencia a evitar castigos ha conducido a una complicidad con jóvenes que no acatan la ley. Desde la escuela aprenden que pueden actuar con total impunidad, lo que aumenta su arrogancia y el desprecio por las autoridades. Al no obligar a los jóvenes a respetar la ley, los adultos abandonan la
sociedad en sus manos, dejándoles el campo libre. Las personas que no han tratado directamente con este tipo de jóvenes suelen creer que siempre se puede «hablar» con ellos, pero lo cierto es que muchos han desarrollado una personalidad antisocial, patológica, en la que ya no cabe el diálogo. Un juez francés con
mucha experiencia, Fenech, atrae la atención sobre dos hechos: la carrera criminal de estos jóvenes empieza por la provocación verbal y por eso hay que reaccionar con firmeza frente a esta actitud. Si esto no se hace, muy pronto los actos delictivos de estos jóvenes se dirigen contra los bienes públicos, y si no se actúa con energía contra todo deterioro del patrimonio común, se vuelven más «ambiciosos» todavía. No hemos tomado suficientemente en serio que están amenazadas las escuelas, las plazas públicas, los autobuses y los representantes del bien común como son los profesores y los agentes de la policía, elementos de la vida cotidiana que asociamos a un país desarrollado.
Es grave que haya intelectuales dispuestos a admirar la violencia callejera en nombre de la acción directa y la provocación al Estado y a presentar a los responsables en tono sentimental. En general, son los mismos que no quieren discutir lo que hacen estos jóvenes sino las supuestas causas que los llevan a actuar como actúan. Estos jóvenes han aprendido a presentarse como los representantes de oprimidos y débiles en lucha contra un poder muy superior a ellos, la policía. Intentan provocar a la policía, y si lo logran, recurren a las leyes de la sociedad democrática para denunciar la violencia policial.
Cuando una mala situación se prolonga, la población va siendo intimidada, pero no es cierto que no pueda hacerse nada para revertir las tendencias antisociales. Hace algunos años en Nueva York y en Boston, los administradores del metro decidieron mejorar la seguridad y para eso decidieron no
dejar nunca que un vagón con pintadas saliera a circular. Cuando los jóvenes no lograron ver su «obra», terminaron por desanimarse. En otra campaña, se acordó no dejar jamás un cristal roto, cambiarlo enseguida, lo que logró transmitir una sensación de control y seguridad a los vecinos. Se empezó a ver la importancia del «contexto» en el sentido de que si nadie
comete pequeñas infracciones, parece más grave la infracción y todos los ciudadanos se lo piensan dos veces antes de cometer un acto mal visto.
sábado, 31 de julio de 2010
UNA MIRADA A LAS CONTRADICCIONES CONSTRUCTIVISMO

Las fuentes de estas ideas sobre la autonomía del ser humano pueden rastrearse ya desde el idealismo de Kant, cuando se afirma que no conocemos verdaderamente cómo es la realidad sino apenas nuestras representaciones de ella, y que no podemos estar seguros de la relación exacta entre un objeto y su representación, de modo que las representaciones podrían llamarse construcciones mentales de cada uno. Esta afirmación tiene como consecuencia que el conocimiento es subjetivo y que es imposible el conocimiento objetivo, neutral, de tipo científico. De hecho, la mayoría de los constructivistas son filosóficamente idealistas neokantianos. Ya se ha comentado que los constructivistas piensan que el conocimiento lo construye el individuo, no lo recibe, y que «conocer» es un proceso de adaptación al mundo cultural, no el descubrimiento de cómo es el mundo independiente del ser humano y preexistente. Los filósofos subrayan la condición antropocéntrica de esta visión ya que la realidad pasa a verse no como algo independiente del ser humano sino en cuanto exista para él, al servicio del hombre. Se aleja, pues, la idea del estudioso que invierte su tiempo en conocer la realidad y, en cambio, se fortalece el interés instrumental de aprovechar lo que ofrece la naturaleza. El interés por la historia, la tradición, lo no material, pasa al trasfondo y prima lo relacionado con la vida activa y, en primer lugar, la tecnología.
En la variante pedagógica, el constructivismo o la psicopedagogía dice que el alumno no puede aprender de algo que venga de fuera, sino que todo aprendizaje debe basarse en el propio alumno, en sus conocimientos anteriores, su voluntad de aprender y sus intereses. De esta posición se ha extraído la idea de que el aprendizaje debe ser divertido. Otro supuesto sostiene que el alumno es y debe ser su propia autoridad en materia de aprendizaje. Nadie sabe como él mismo lo que le apetece. En consecuencia, puesto que a los alumnos no les gustará nunca lo mismo a la vez y ya que no todos necesitarán la misma enseñanza, será imposible dar clase. Bajo esa perspectiva, las explicaciones del profesor llegan a «estorbar». El nuevo papel del profesor viene a ser el de un «facilitador», alguien a quien se puede consultar. Esta posición entronca bien con la idea del igualitarismo porque no exige que los alumnos tengan un nivel previo para estar en cierto grupo y, ya que todos trabajan en lo suyo, tampoco se necesita la coordinación de una autoridad.
No sólo se declara al alumno especialista de su propio aprendizaje, también se sostiene que los conocimientos poseen menos importancia hoy que antes a raíz de la velocidad con que cambian las cosas en todos los terrenos. En vez de concentrarse en la adquisición de conocimientos básicos, ahora despectivamente llamados «escolares» o «formales», el alumno debe aprender técnicas para manejar un ordenador, encontrar información y presentarla. Es curioso y hasta contradictorio que una corriente sin estima por la ciencia base su doctrina ¡en el rápido desarrollo de la ciencia!
Como se ve, para esta ideología pedagógica no son importantes ni las materias ni los niveles alcanzados en ellas y, por lo mismo, pierden también importancia los profesores, especializados en asignaturas. Lo que antes se solía denominar enseñanza consistía en impartir cierta materia a un grupo con determinada preparación y madurez. Ahora es hegemónica la nueva pedagogía que cree que la tarea del profesor es estacionarse en un aula, apoyando las actividades iniciadas por los alumnos. No sólo se rechaza la idea de la importancia de los conocimientos, sino también la de las exigencias, la de la autoridad del docente y la de las reglas de conducta, así como las referencias a una cultura compartida.
La pedagogía constructivista se presenta como la verdad científica. Ha servido para deslegitimar otras formas de intervención educativa y se describe a sí misma como el punto culminante de una historia cada vez más científica de la comprensión de la mente humana. Una manera de explicar el constructivismo es insertarlo en un marco ideológico: es un romanticismo antropológico y filosófico. El constructivismo cree que el niño no aprende bien estudiando libros y escuchando a la maestra. Insiste en que el aprendizaje es una actividad libre y que si el alumno no manipula personalmente el material no puede aprender. Por eso, el estudiante debe ser activo, decidir él mismo cómo, qué y cuándo va a estudiar porque así supuestamente asimila mejor los nuevos contenidos. Se cree que el alumno aprende mejor trabajando solo o en equipo que con el maestro. De este modo, los alumnos se convierten en maestros los unos de los otros, mientras que el verdadero profesor pasa a un segundo plano, convertido en un «facilitador». Su tarea es organizar un conjunto de materiales y contestar posibles preguntas. El lema que resume esta idea es el de «poner al alumno en el centro». Se considera legítimo que el alumno se base en su parecer, quizá caprichoso, para decidir qué va a estudiar y cómo. El constructivismo da prioridad al cómo sobre el qué. La prioridad pasa del conocimiento de las asignaturas a la aplicación de cierto método, de cierta actitud frente a un nuevo contenido. Así el método usurpa el sitio de los saberes tradicionales.
El niño supuestamente tiene dentro de sí todo lo que necesita y, si no se le molesta, «construirá» antes o después los elementos culturales que le hacen falta, tales como el lenguaje, las matemáticas, el arte o las destrezas físicas. Así, el constructivismo parece creer que todo el desarrollo de la humanidad está contenido virtualmente dentro de cada niño. Como Rousseau, sus seguidores piensan que el niño no debe centrarse en la lectura porque los libros corrompen, y otro tanto afirman del trato con maestros adultos.
Piaget se convirtió en el gran ídolo del constructivismo al lanzar la idea de que el niño aprende los conceptos a través de sus actividades y cuando ya ha madurado. Piaget fue psicólogo, no maestro, estudió el aprendizaje sin interesarse particularmente en cómo mejorarlo o acelerarlo; estudió sobre todo leyes físicas, de las que un chico posiblemente pueda aprender observando a su propio ritmo y sin plan previo " Las razones que se oponen a esta manera de conducir el aprendizaje son varias. Para empezar, muchas cosas que se aprenden en la escuela no son observables a primera vista, sino que son abstractas, lejanas o ausentes. Además, en la escuela se exige que todos los alumnos aprendan y deben incorporar muchos conocimientos así que el tiempo apremia. Es caro y poco eficaz esperar a que el niño quiera estudiar y, por el contrario, es más seguro y económico enseñarle. La escuela no puede ser sólo un lugar de encuentro, sino que tiene que dar garantía de resultados.
El constructivismo convierte a los alumnos en perfectos egoístas cognitivos. A estos alumnos les parecerá que sus ideas, a las que habrán llegado quizá por casualidad, son las correctas. No se prevé una corrección por parte del maestro y no hay exámenes. Probablemente los alumnos se convierten también en egoístas psicológicos y sociales ya que no aprenden a respetar a la sociedad representada por el maestro. Más bien van a sentir la presión de su propio grupo de compañeros. Tienen poca posibilidad de construirse una personalidad independiente al margen del grupo.
Rodríguez ha descrito la decepción de algunos progresistas con la nueva escuela. Para ella, como para la sociología de la educación, la escuela reproduce las injusticias de clase y de género. La autora pasa por alto lo principal: la necesidad de trabajar para adquirir conocimientos. Ni habla de los conocimientos previos para poder seguir avanzando en el aprendizaje ni de las asignaturas o conocimientos de ellas que necesitan los profesores. Sin embargo, para Rodríguez las reformas no han salido como estaba previsto, a pesar de que son «los suyos» los que han impuesto las reglas. Rodríguez resuelve este dilema acusando al neoliberalismo de todo lo que no le gusta.
Una de las razones por las que la autora asocia las reformas con el neoliberalismo es que la nueva pedagogía se orienta hacia el desarrollo de características personales como la independencia y la iniciativa personal, que permiten al alumno adaptarse a nuevas situaciones. Aquí también se habla mucho más de creatividad y flexibilidad que de conocimientos específicos. La autora asimismo destaca como rasgo negativo que esta pedagogía perciba al individuo como un ser «universal» y no insista en una identificación social previa.
Rodríguez cree ver en esta propuesta pedagógica una reacción pendular al régimen franquista. Si entonces se había privilegiado el contenido y las metodologías tradicionales, en la democracia debía ser necesariamente al revés. Así se puso el énfasis en el cómo enseñar, y no en el qué y el para qué enseñar. Sin embargo, ese «cómo» era más psicológico que metodológico. Los años ochenta supusieron así un éxito para la «psicopedagogía» presentada como el único método. Ya no había preocupación por cómo elegir materiales ni qué conceptos enseñar, sino cómo debían diseñar los profesores las tareas para que todos aprendieran. El maestro debía respetar y estimular a todos. El constructivismo garantizaba la democracia haciendo que todos los estudiantes pudieran participar. Los modelos de enseñanza tradicionales tan dependientes del profesor pasaron a considerarse caducos. Por el contrario, se le exigió al profesorado dedicar una atención individual al aprendizaje de cada alumno.
Esto supone una extrema individualización”. El profesor diseña la situación y después el alumno asume la responsabilidad de encontrar el contenido, y se supone que los alumnos tienden a desarrollar los aprendizajes deseados sin más ayuda. Todo esto ha influido sobre las necesidades de la educación especial. A partir de este momento, los alumnos que no aprenden parecen carecer de habilidad y capacidad para tomar iniciativas. Ya no se hace hincapié en el tipo de problema del alumno. Todas las diferencias son tratadas como «necesidades especiales», una fórmula que aparece como un eufemismo.
La autora ha visto las consecuencias del protagonismo de la psicopedagoga, que otorga todo el protagonismo a los alumnos. Los profesores se convierten en unos simples organiza dores de situaciones de aprendizaje y son, por tanto, fácilmente sustituibles. Como profesora, la autora acepta mal que su papel se haya vuelto insignificante y que ni siquiera sirva para constituir un «contexto» sino que aparezca relegado a una función impersonal, de organización. Además, la psicopedagogía es presentada como la única opción pedagógica razonable, lo cual constituye otro factor de presión contra los maestros.
El constructivismo, también llamado a veces construccionismo, es un término casi desconocido por el gran público, que debiera conocerlo por corresponder a una corriente que está cambiando a los países occidentales. El constructivismo en pedagogía forma parte de una teoría constructivista más general. Hay diferentes definiciones del término y en las discusiones sobre esta corriente se puede observar una escala de acepciones cada vez más radicales: el constructivismo social como una perspectiva crítica, semejante a lo que se solía llamar el realismo crítico o criticismo. El constructivismo social como teoría social, ve la sociedad como una creación humana en constan te proceso de cambio. El constructivismo social como teoría del conocimiento, el aspecto más importante para la educación. el constructivismo social como ontología sostiene que no hay otra realidad que la de las palabras. Los dos primeros puntos podrían ser aceptados por muchos observadores, pero los dos últimos comportan problemas, en particular, al ser aplicados a las ciencias naturales". El constructivismo social en la tercera versión, visto como teoría de conocimiento, ha sido interpretado a menudo como un relativismo y en su cuarta versión ha sido interpretado como idealismo o antirrealismo. Estas dos últimas versiones están combinadas con una fuerte crítica contra la ciencia. Desde el punto de vista de la educación, la enorme influencia de esta corriente ha sido negativa por haber desviado el interés y el esfuerzo en la transmisión de los conocimientos a un cuestionamiento del mundo del conocimiento. En particular, parece negativo que los futuros profesores acepten que no es importante que los alumnos reciban una enseñanza entusiasta y enérgica.
Se puede estudiar el constructivismo también desde una perspectiva metodológica: hay una variante «oscura», dedicada a cuestiones de poder y que cita a menudo a Foucault, y otra «clara», que se interesa por el discurso y los procesos sociales, basada en la teoría del discurso, la etnología y la deconstrucción ". La mayoría de los constructivistas creen que no podemos tener acceso a cómo es el mundo sino sólo a nuestras propias ideas sobre él. Ya que no se puede saber nada del mundo, es inútil argumentar e investigar, como lo hacen los «realistas». Los constructivistas creen que el lenguaje no tiene ninguna relación precisa con el mundo y que sólo configura maneras de hablar, «prácticas retóricas». Los relativistas llaman «ingenuas», «esencialistas» y «objetivistas» a las perspectivas distintas de las suyas. Evitan, en particular, toda discusión sobre el cuerpo como sede del aprendizaje ya que desconfían de la biología. En psicología, niegan la inteligencia, la personalidad y la enfermedad mental como realidades. Para la psicología ortodoxa, los eventos psicológicos están dentro del individuo, pero para los constructivistas constituyen una relación con el lenguaje. En medicina, los constructivistas opinan que dar un diagnóstico es «marcar» al paciente, ejercer poder» sobre él. En sociología, consideran que la sociedad es patológica y no aceptan que el individuo tenga que responsabilizarse de las condiciones sociales negativas de las que es víctima. En ética, un constructivista no puede hablar de moral porque la moral es distinguir a algunas acciones como mejores que otras. A la vez que sostienen que todo es lenguaje, los constructivistas desconfían del lenguaje porque lo consideran un instrumento de opresión en las manos de personas con poder. No enfocan los grandes males de la humanidad sino exclusivamente los de la vida diaria occidental, y en eso vemos su filiación política.
Para los constructivistas, en el análisis de conversación lo central es intentar entender qué es lo que los dialogantes quieren «hacer» con lo que dicen, esto es, cuál es el acto de dominación, se entiende que se lleva a cabo a través de las palabras. Creen que no sólo la realidad se construye a través del lenguaje, sino que las identidades y la subjetividad también y que éstas siempre se pueden cambiar, renegociar, a través del lenguaje. Son críticos contra el «discurso» de la «mayo ría» que oprime a la «minoría» a través del lenguaje, una actitud que es el origen del fenómeno del «lenguaje políticamente correcto». La idea es crear una nueva realidad social a través del control sobre lo que la gente dice. Como se sabe, lo políticamente correcto incluso se ha impuesto a través de la legislación en muchos países, y hay cosas que sencillamente no se pueden expresar sin que sea demonizado quien las pone de manifiesto.
El rechazo al conocimiento es notable y hasta hay constructivistas que culpan a la invención de la imprenta de haber fomentado la introspección, el individualismo y el atomismo social, aislando al lector del mundo. Además añaden que la culpa es doble porque la lectura procura conocimientos, y éstos ejercerían un posible poder sobre otras personas y, al mismo tiempo, harían disminuir la influencia de la colectividad sobre el individuo en cuestión.
El llamado realismo crítico aparece cuando se habla de «estructuras» por debajo de la superficie real. A pesar de no poder observarlas directamente, supuestamente sí podemos saber algo de ellas por sus consecuencias. Por eso, el realismo crítico, el criticismo, no pronostica sucesos o propone mejoras, sino que los identifica y evalúa retrospectivamente. Es una posición cómoda para el crítico, que puede atacar a la sociedad sin tener que proponer nada mejor. En la educación, el constructivismo cree que la teoría precede a la observación y estudia las concepciones previas, erróneas las más de las veces, de los estudiantes. Esto ha dado lugar a una curiosa situa ción: los futuros profesores deben dedicarse más a comprobar los errores de los alumnos que a aprender mejores métodos para trasmitir conocimientos Podríamos recordar que hasta hace algunas décadas la universidad estaba al servicio de la sociedad formando a los futuros pilares y defensores de la sociedad. Ahora hemos llegado a una posición inversa: desde la universidad se predica el desprecio por los conocimientos y la desconfianza ante la sociedad. Pensando en su importancia social, se puede constatar que el constructivismo se ha convertido para muchos en una «religión secular» similar a la de la teoría evolucionista en el siglo XIX.
sábado, 24 de abril de 2010
EL VENENO DEL SUBJETIVISMO C.S. L ewis

La exposición de Lewis no presenta mayor dificultad. Se trata de una polémica contra el subjetivismo en materias de razón práctica, polémica conducida sin apelar a complejas doctrinas filosóficas, sino en un plano de sentido común, aunque algo más complejo que el de sus charlas radiales.
Son pocos los elementos del texto que pueden requerir de un comentario previo. Uno puede ser la constante referencia al “reformador moral”, “innovador”, etc. Al parecer, éste era uno de los tipos humanos que más horrorizaba a Lewis: el planificador social, reformador educacional, manipulador, condicionador, son las figuras que reciben la parte mayor de las críticas, no sólo en los textos teóricos, sino también en sus obras literarias. El contenido de El Veneno del Subjetivismo y La Abolición del Hombre se encuentra expuesto en forma de novela en Esa Fuerza Maligna, obra que podría ser considerada como el 1984 o Un Mundo Feliz de Lewis: una sátira a un gran proyecto de planificación social.
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También hemos subido en la sección videos (en la derecha abajo) entrevista a Inger Enkvist. Y este video (PINCHE AQUI)que encontré muy bueno, tiene que ver con toda las contradicciones que tiene hoy nuestro sistema educativo, y los refuerzos que realiza la televisión, Ejemplificado en un padre y su hijo.
a ver si se animan a opinar, ya que mucha gente en la calle nos para y nos cuenta que le gusta el blog, y lo agradece, pero me gustaría interactuar mas por este medio, ya que nunca podemos profundizar, por que casi siempre andamos apurados.
Se les ama y gracias por seguir visitando este, nuestro blog, para comunicarse con nosotros, bajo la foto de la derecha está el mail
Abrazos
sábado, 3 de abril de 2010
LA ABOLICIÓN DEL HOMBRE

((La abolición del hombre)) es uno de los mejores alegatos que se han escrito en favor de la educación y los valores tradicionales que debería preservar. Su actualidad proviene del intento de usarla para falsear estos valores o eliminarlos completamente sustituy´endolos por propaganda e ideolog´ıa. De ahí la necesidad de contar con argumentaciones sólidas y claras que oponer.
PARA LEER EL LIBRO COMPLETO PINCHE AQUI
A GRANDES RASGOS
En este libro clásico, breve pero intenso, C.S. Lewis reflexiona sobre la sociedad, la naturaleza y el reto de la educación. Con su prosa genial y aguda, expone una de las mejores defensas de la objetividad de la ley natural y de la moralidad que se han escrito, al tiempo que advierte contra las inhumanas consecuencias de eliminarlas de la familia, la escuela y la civilización. Denunciando el subjetivismo y el cientificismo que imperan también en nuestros días, y proponiendo una visión positiva del hombre y de la ciencia, este profético libro sigue ofreciendo, desde 1987, un diagnóstico inigualable sobre la crisis de la cultura.
PARA LEER EL LIBRO COMPLETO PINCHE AQUI
A GRANDES RASGOS
En este libro clásico, breve pero intenso, C.S. Lewis reflexiona sobre la sociedad, la naturaleza y el reto de la educación. Con su prosa genial y aguda, expone una de las mejores defensas de la objetividad de la ley natural y de la moralidad que se han escrito, al tiempo que advierte contra las inhumanas consecuencias de eliminarlas de la familia, la escuela y la civilización. Denunciando el subjetivismo y el cientificismo que imperan también en nuestros días, y proponiendo una visión positiva del hombre y de la ciencia, este profético libro sigue ofreciendo, desde 1987, un diagnóstico inigualable sobre la crisis de la cultura.
sábado, 20 de marzo de 2010
!!ALGO IMPRESCINDIBLE¡¡
Hay momentos en cada etapa de nuestras vidas, donde tenemos que llegar ha replantearnos. Un ejemplo, en mi conversión, yo decidía seguir siendo igual que antes o tomaba la determinación de cambiar, pero si decidía cambiar tenia la seguridad que el señor me ayudaría. Al igual un docente que conoce a Cristo, y ha seguido al pie de la letra lo que han dicho sus profesores, sin cuestionarse nada, y más terrible aun, ha hecho una línea, que separa el CRISTIANISMO de su trabajo. Secularizándolo, por el simple hecho de que es más fácil hacer lo que dicen mis profesores ateos,humanistas o pseudos Cristianos, que ponerme de cabeza a investigar algo que no enseñan CASI en ninguna universidad o instituto del mundo. Acá dejo algunas preguntas:
¿Cuál es la vocación de un profesor?
¿Qué es una cosmovisión cristiana?
¿Qué corrientes de pensamiento influencian el sistema escolar?
¿Existen bases Bíblicas para el sistema escolar?
Son preguntas que tenias que habértelas hecho hace mucho tiempo, pero nunca es tarde, les dejo este excelente texto que contestas estas preguntas básicas, IMPRESCINDIBLE para todo educador que desee hacer su trabajo bajo la voluntad de Dios. PINCHE AQUI
¿Cuál es la vocación de un profesor?
¿Qué es una cosmovisión cristiana?
¿Qué corrientes de pensamiento influencian el sistema escolar?
¿Existen bases Bíblicas para el sistema escolar?
Son preguntas que tenias que habértelas hecho hace mucho tiempo, pero nunca es tarde, les dejo este excelente texto que contestas estas preguntas básicas, IMPRESCINDIBLE para todo educador que desee hacer su trabajo bajo la voluntad de Dios. PINCHE AQUI
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